NOVEDADES
ÁRBOLES QUE DAN SOMBRA
octubre 1, 2021 -

“Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Refrán popular

Ayer por la tarde fui a comprar unas zapatillas. Era fácil y lo tenía claro: simplemente se trataba de renovar las que llevaba hasta ahora por el mismo modelo. Una compra astuta, de reemplazo, sin decisiones importantes por mi parte. A mi lado, una chica de semblante serio, más bien borde o poco amable. Parecía muy segura de la bota negra que se estaba probando. Pero de repente, de forma imperativa se giró y me preguntó: “¿Te gusta cómo me queda o la ves fea?” Sinceramente, a estas horas aún no me he formado una opinión válida sobre la bota: ni era mi estilo, ni mi color, ni nada de nada. ¡Qué difícil y qué responsabilidad genera el asesorar cuando aquello no va contigo! Y me salió un espontáneo y medio sincero: “Te queda fenomenal”. Le quedaba bien, la verdad. Pero yo nunca la hubiese comprado para mí. Era un estilo tajante, como su carácter. Y me hizo pensar en si había sido falsa contestando eso. No va conmigo serlo. Pero rápidamente yo misma me consolé pensando en que había respondido viéndola a ella, y no a mí, en esas botas. Esta vez no me puse en sus zapatos, porque no era cuestión de empatía.

Con un minuto de contacto y una forma de ser, a simple vista, tan distinta, dudo que ella y yo hubiésemos llegado a empatizar. Pero durante los dos minutos siguientes, en los que ella se dejó asesorar por una extraña y acabó comprando la controvertida bota negra, estuvimos, en cierta manera, conectadas y, de una forma atropellada, sin pensarlo mucho, “ayudé” a provocar su decisión de compra. Una persona desconocida se había convertido en su único apoyo para decidir, en la única persona en la que confiar su elección. Curioso, ¿verdad? Me pregunto si otras decisiones más relevantes en su vida también las confía a terceros.

Todos necesitamos y buscamos apoyos en esta vida. Es algo natural, porque el ser humano es un animal social y, como tal, necesita rodearse de personas con quien congeniar, compartir, en quien confiar, con quien avanzar. Ya sea a nivel personal, a nivel profesional, en lo económico o en lo emocional. Pero hay apoyos muy honestos y otros, muy peligrosos. Y uno tiene que saber muy bien en quién y para qué se apoya.

Hay apoyos sinceros, donde uno busca y quiere que le digan cómo el otro ve la realidad, aunque no se parezca a lo que desea oír. En cambio, hay apoyos tendenciosos, donde uno se arrima a quien sabe que le va a decir, precisamente, aquello que quiere escuchar para reforzar su historia. Los buenos apoyos son pilares que nos ayudan a aprender, crecer, sostener y equilibrar. Los apoyos convenidos se convierten en autoengaños, pero lo peor es que, unidos, jaleados por la manada, pueden generar mucho ruido y, de forma directa o indirecta, queriendo o sin querer, también pueden causar mucho daño. Porque los apoyos que no son sinceros se retroalimentan para ensalzar la opinión que más conviene, con independencia de su veracidad, su conveniencia y sus consecuencias.

Hoy son unas botas, mañana es mi pareja, pasado son mis padres y al siguiente mi trabajo… Siempre tenemos necesidad de compartir el camino con quienes tenemos cerca. Y está bien. Es humano, es natural y es emocionalmente sano. Porque desde una simple pregunta de apoyo a una profunda conversación, ambas, pueden salvarnos la vida en un momento determinado. Pero precisamente para eso, para que el camino sea honesto, tenemos que escoger muy bien a quién se lo contamos, a quién le preguntamos, porque los malos apoyos regalan nuestros oídos y ensalzan nuestro ego a cambio de engañar nuestra realidad, de distorsionarla, con el ánimo de reafirmarnos en nuestras creencias o prejuicios, pero enterrando cualquier atisbo de humildad o solidaridad sobre nuestra experiencia. Busca un buen árbol al que arrimarte.


© Martínez Comín