NOVEDADES
CASTAWEEN
octubre 29, 2021 -

“Los monstruos son reales. Los fantasmas son reales.
Viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan”. Stephen King.

Y volvemos a estar a puertas de Halloween. Una fiesta en la que se activan la tradición y el inframundo. Dicho así, parece antagónico, pero no. Es la realidad. En casa, que somos muy de decorar y de vivir todo lo que se pueda festejar, tengo unas cuantas telas de araña y calaveras colocadas al lado de una preciosa fuente de boniatos y castañas y, junto al vino dulce (moscatel), uno chupitos de sirope de fresa a modo de bebida para Drácula y todo su séquito, para que también puedan saciar su sed. Y como no, tengo a mi brujita y a mi vampiresa con manchas de tizne negro y “sangre” en la cara, respectivamente, mientras comen castañas y saborean los panellets caseros de su abuelita, como si no hubiese mañana.

Esa mezcla de culturas a la que yo, particularmente, llamo “Castaween”, activa de forma divertida a fantasmas y a monstruos, que te perdonan la vida por algo tan simple como un canje de caramelos. Para los niños es un preludio de Carnaval y una oportunidad para recargar la caja de chuches. Y para muchos adultos, esa noche se convierte en un preludio de Nochevieja y en un recuerdo de la noche de San Juan, porque llueven rituales de buena suerte, de salud, de dinero, de amor, de enterrar lo negativo y de dejar entrar lo positivo… Como si zarandear a ese inframundo y colocar unos cuantos amuletos/objetos y algunas velas de colores en una posición determinada fuese a cambiar, de una vez por todas, el rumbo de nuestras vidas. Y, la verdad, desconozco si sirve de algo o no. De hecho, yo misma, de vez en cuando, sobre todo cuando mi energía vibra bajita, también me aferro al carro de los buenos deseos en esas noches mágicas, por si acaso ayuda, por si el no hacerlo me perjudica. Así que considero que no está mal ni bien. Todo depende de la importancia que le dé uno a esos rituales y de cuánto les confíe: confiar en la magia tiene un punto de incertidumbre aliviada (el famoso, bueno “a ver si hay suerte” y “a ver qué pasa”), pero confiarle a ella nuestro destino, como si por encender dos velas fuese a cambiar automáticamente el rumbo de nuestras vidas, puede ser, cuanto menos, arriesgado y, seguramente, en cuanto al resultado, bastante frustrante.

Ya sabes que creo firmemente en las energías y en el universo. Pero considero que los fantasmas de uno los tiene que enterrar uno mismo. Y no hay monedas, velas o lazos de colores que sirvan para eso. Así que, uno debe dejarlos salir, que se paseen libremente, dejar que se muestren para que nos revelen su intención, su anhelo. Y poder mirarlos de frente, con el ánimo de que dejen de ser nuestro enemigo, porque conviven con nosotros, en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestra alma. Y uno debe poder verlos y tener el coraje de mirarlos cara a cara, porque esa es la única forma de reconocerlos, de aceptarlos y, los llegues a comprender o no, asumir que forman parte de tu realidad. Así que debes permitirte abrazarlos y aceptar que forman parte de tu historia, de tu presente y, muy seguramente, aunque espero que ya transformados, de tu futuro. Tú creas (de creer y de crear) tus propios monstruos, tú los haces grandes o pequeños, tú les das forma y dimensión. Así que sólo de ti depende enterrarlos o no. Y si no puedes desvanecerlos, no sufras, céntrate en transformarlos, en que esos fantasmas puedan formar parte de tu día a día de una forma equilibrada, sin bloqueos, sin que te superen. Dale la mano a tus miedos. No se trata de dejarlos de tener, sino de ser capaz de seguir adelante con ellos, aceptando que están ahí y que, en cualquier momento, aparecerán, sin que su presencia sea un calvario ni una limitación. Simplemente, aprende a convivir con ellos. Esta noche, ofréceles caramelos. Mientras, yo encenderé una velita blanca por ti, por si ayuda…


© Martínez Comín