NOVEDADES
CON O SIN TACONES
noviembre 26, 2021 -

“Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”

Ayer fue el día contra la violencia de género. Y es un tema que me toca muy de cerca, por el simple hecho de ser mujer. Sí, lo sé, la palabra género es neutra. Y también este tipo de violencia afecta a los hombres. Y, lamentablemente, hay muchos que la sufren. Pero no nos engañemos: las más afectadas somos nosotras, en femenino, porque el número de casos registrados, y su crueldad, hablan por sí solos. Pero lo impactante aquí es lo asociado a la violencia en sí misma, a lo inhumano, a la deshumanización generalizada, a la necesidad de poner límites a lo físico y a lo emocional, para recordarnos que, a las personas, se las respeta. Y parece mentira que a estas alturas del siglo tengamos que matizar y poner el foco en recordar que las mujeres somos personas. Es un gran fracaso, como sociedad, que algo tan primitivo como el menosprecio a la mujer siga siendo un problema estructural.

Te confesaré que desde que soy madre (de dos niñas, además), aún me pesa más el asunto. Son pequeñas y ya me perturba el imaginar cómo vivirán su independencia, cómo será cuando salgan de mi regazo y decidan salir solas a la calle, ya sea para volver de su instituto, o para ir de noche a una discoteca a bailar con sus amigos, o a media tarde, para correr al aire libre por un parque, o a primera hora de la mañana, para subirse a un tren o para sacar a pasear al perro. Y me horroriza pensar que hemos llegado a un punto donde su zona de seguridad se rompe por el mero hecho de cruzar solas el portal, o más bien, la puerta de casa, porque ni siquiera el portal es un lugar seguro. Hemos llegado a un punto donde eso a lo que siempre se aferran los ignorantes, la maldita culpa, ni siquiera les sirve ya de excusa para justificar los casos de violencia: la culpa no es del escote o la minifalda, no es del tacón de lápiz, ni se justifica porque seas celoso. Ni siquiera es culpa de la noche, de la edad que tengas, de la hora a la que salgas o del lugar donde te encuentres. La culpa, ya no es del alcohol o de las drogas. La culpa, ya no es de irte con uno, porque si te vas con cinco, es infinitamente peor. Ojalá nos demos cuenta de que no hay excusa que alimente ya el concepto de culpa porque hay violencia hasta en el aire, seas quien seas, vistas como vistas, pienses como pienses y estés donde estés. Nada de esto, nada en absoluto, tiene la más mínima justificación. Parece ser que el error está en el simple hecho de haber nacido mujer y tener el atrevimiento de querer salir de casa. No quiero vivir con miedo. No quiero que mis hijas vivan en una diana permanente, pendientes de esquivar un dardo. No quiero vivir con monstruos. Quiero vivir con y entre personas.

Por eso, cuando me preguntan qué quiero o qué pido para mis hijas, solo se me viene a la cabeza una palabra (y esto es real, no me lo invento). Siempre pido integridad. Física y emocional. Que la vida les permita respetar su integridad física y así, que tengan libertad absoluta para decidir sobre su piel, sin verse sometidas, en ningún momento, a ningún episodio de sometimiento físico; y, a la vez, que la vida les permita cultivar su integridad emocional, su equilibrio, y así, que tengan el coraje suficiente para mantener su identidad y su autoestima y, a la vez, que tengan la humildad suficiente para templar su ego con la máxima generosidad, sin caer en el victimismo. Sinceramente creo que estando vivos y manteniéndonos íntegros, el resto, es un regalo.
Y si además de por y para mis hijas, pudiera pedir para la sociedad, pediría valores. No sé si es la educación o son las leyes las que fallan. O ambas. Pero seguro nos faltan cimientos. Pediría respeto, solidaridad, tolerancia y toneladas de humanidad. Por y para ellas; por y para todos.


© Martínez Comín