NOVEDADES
¿CUÁNTO CUESTA SER HUMILDE?
octubre 8, 2020 -

“La humildad es el sólido fundamento de todas las virtudes”. Confucio.

Creo firmemente que uno de los valores esenciales en esta vida es la HUMILDAD. Así, en mayúsculas. Pero la de verdad, la que no está distorsionada por quienes no entienden el concepto, ni pervertida por quienes la usan en su beneficio con la acepción que más les conviene, según el momento.

La simple y llana humildad: esa virtud que te nace de dentro, de tu esencia y te permite aceptar tus límites, tus debilidades, tus defectos, pero también reconocer tus puntos fuertes, tus habilidades, tus logros, sin alardear de ello, pero sin caer en la desvaloración o la sumisión. Es antónimo de soberbia y, por lo tanto, la humildad te permite despojarte de lujos y posados, de intereses banales, del maldito egoísmo; permitiéndote ser quien realmente eres, permitiéndote sentir como realmente te sientes en cada momento. Esa virtud que te permite valorar todo en su justa medida, lo poquito y lo mucho, lo bonito y lo feo de esta vida. La que te permite ver a los demás como iguales, como lo que son, personas, con sus cositas buenas y menos buenas, sin mayor vanidad ni pretensión, sin juzgar ni querer sobreponerse.

La humildad del alma no se consigue. Se es o no se es, simplemente. Y ese es su mayor valor. Tal vez te habrás cruzado con algún humilde a lo largo de tu vida. Es posible pero no es seguro. No te confundas: no hablo de raza, vestuario, capacidad económica, demagogia en la oratoria o vanidad escondida. Me refiero a que, probablemente, si has estado atento, habrás tenido la suerte de cruzarte con alguna persona que realmente ha nacido humilde de corazón, y te habrá tocado la lotería si tienes el privilegio de tenerle cerca, sí, a esa persona que alberga como mayor tesoro su pureza de alma, su aceptación, tal y como es, tal y como son las cosas.

Muchos pretenden ser humildes, pero en ese intento ya se han pervertido. Creo que es un valor que se puede trabajar, pero no una virtud que se pueda crear. Puedes tratar de ser menos vanidoso o menos egoísta, pero siempre dentro del círculo del modelar, no del ser. Y muchos atentamos contra esa humildad, a diario: cuando anteponemos nuestra realidad a la de los demás, cuando faltamos el respeto al de enfrente, cuando sentimos desprecio por las personas o las cosas que suceden, cuando no valoramos -ni lo bueno ni lo malo- de esta vida porque nos creemos capaces de controlar lo natural, cuando renegamos de nuestros defectos o incluso de nuestras virtudes. Pero ahí es nuestro ego el que actúa. Sobre todo, mancillamos la virtud de la humildad cuando intencionadamente jugamos a serlo, porque ahí, la estamos manipulando. Nos engañamos a nosotros mismos y tratamos de engañar al de enfrente. Ha dejado de ser virtud, entonces, para convertirse en defecto.

Y de la humildad penden el resto de las virtudes. Como decía Miguel de Cervantes en su obra Coloquio de Perros, “la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea”. Amén.

Así que trata de estar atento: suelen ser personas transparentes, cargaditas de buena energía, que no ven en el otro el reflejo del mal o el ejemplo de una moralidad difusa, ni tampoco un referente al que copiar. Y que no ven ellos más autoridad que la que les regala el propio ser, porque no pretenden ser maestros de nadie. Y si reconoces esa virtud en alguien, por favor, trátale como merece, porque la humildad es el origen de toda virtud.


© Martínez Comín