NOVEDADES
“DESEO, DESEO…”
enero 8, 2021 - COVID-19

“Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. El que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios (…)”. Canción compuesta por Rodolfo Sciammarella, 1941.

 

Como no puede ser de otra manera, estos son días de buenas intenciones, de propósitos y de largas listas de deseos: ¡feliz año!, ¡que el 2021 sea mejor que el 2020!, ¡que se acabe el coronavirus!; y de preguntas del tipo: ¿qué te has propuesto para el año nuevo?, ¿qué te han traído los Reyes Magos?, ¿cuándo dices que empiezas la dieta?…

A las buenas intenciones y a los propósitos, por supuesto, me sumo. Y en cuanto a los regalitos de los Reyes Magos, te confesaré que, como he sido buena, han tenido a bien dejarme alguno, sí. Pero lo que les escribí en mi carta, lo que realmente les pedí a ellos y al año nuevo, aún está por ver si me lo conceden. Son regalos que no se pueden traer en una sola noche porque pesan, porque son inmensos, porque son frágiles (que no débiles) y porque son deseos de largo recorrido.

A los Reyes Magos, al 2021, a la vida, les he pedido que me/nos traigan mucha salud y una realidad más amable, cargadita de buenas noticias y de proyectos que, tanto en lo personal como en lo profesional, nos hagan vibrar. Casi como un discurso propio de un concurso de Misses, les he pedido que me/nos aporten la paciencia, la generosidad, la humildad y el ánimo necesarios para superar lo que nos venga, para ser más resilientes.

Está claro (y así nos lo ha demostrado el 2020), que los regalos para el alma, los deseos que nos permiten respirar con alivio, esos que realmente importan porque tienen que ver con nuestra salud, con nuestro ánimo, con nuestras ilusiones, con quienes amamos, no son fáciles de cumplir y mucho menos, de mantener. Son deseos que, en parte, dependen de nosotros mismos y, en parte, de la vida. Supongo que por eso los anhelamos, los buscamos, los deseamos constantemente, porque sabemos que no los conseguiremos a golpe de tarjeta de crédito. Sabemos que, si se rompen o se pierden, pueden no ser reemplazables. Sabemos que lo esencial, lo importante, lo que nos arropa, no es lo material. Dan más calor los abrazos que las mantas. Esos son los verdaderos anhelos.
Si me pongo a listar todo lo que querría para mí y para los míos de “eso” que se escapa parcial o totalmente a mi control, me pasa algo curioso: podría hacer una lista interminable de deseos para llegar a lo que para mí sería una vida plenamente equilibrada. Y lo curioso es que cuando me pierdo en ese mundo de las ideas, en ese mundo del “quiero”, y percibo que mi ánimo empieza a inquietarse, porque veo que hay mucho de lo que quisiera y que no depende de mí, porque veo la necesidad y la dificultad de amarrar lo intangible, entonces cierro los ojos, respiro profundo y aterrizo. Y me hago la gran pregunta: “En serio, Montse, ¿qué necesitas?, ¿qué le pides a la vida?” Y ahí me ilumina lo simple y suelto el lápiz, porque ya no necesito listar más. Y me convierto en Miss Universo pidiendo “paz en el mundo”. Porque en realidad, lo único que deseo, lo único que quiero es quedarme donde y como estoy. ¿Se podrían mejorar cosas? Sí, claro. Pero si, por alguna razón, empeorasen, seguramente pediría estar y seguir donde estoy hoy. Y es entonces cuando me doy cuenta de que pedir por pedir, forma parte del ego. No me malinterpretes: hay que desear con fervor y soplar fuerte. Pero antes de hacerlo, hay que parar y valorar el presente. Dar las gracias. Y es entonces cuando descubres que, deseando desde ahí, desde el agradecimiento, tu deseo se transforma del exigir al estar abierto a recibir. Debemos aprender a aceptar lo que la vida nos trae, con gratitud y confianza. Porque el regalo es estar vivo. En cada gesto hay aprendizaje. La vida te da lo que necesitas para cumplir tu propósito.


© Martínez Comín