NOVEDADES
EL MAR HACE ESPUMA SIN JABÓN
noviembre 6, 2020 -

“La vida te dará la experiencia más útil para la evolución de la conciencia”. Eckhart Tolle.
“Dar ejemplo no es la principal forma de influir en los demás. Es la única”. Albert Einstein.

Tengo el privilegio de vivir en una ciudad con mar. Aunque científicamente sea imposible, creo que, habiendo agua, yo podría vivir sin aire. Reconozco que, al ser signo de agua (soy escorpio, para lo bueno y para lo malo), el mar se convierte en mi elemento. Es mi segundo hogar. Y en él busco refugio cuando mi ánimo está, digamos, juguetón.
¿Y por qué el mar? Habrá muchos que sólo vean agua, a modo de piscina gigante y solárium para el verano. Está bien. Cada uno lo ve como quiere. Y está claro que también cumple esa función. Pero te voy a contar qué es para mí el mar. Y te invito a que hagas lo mismo con tu elemento, para acercarte a él, para reconocerte en él. Porque te conecta con tu esencia, te carga de energía y te permite avanzar. Muchas veces banalizamos a nuestro elemento: lo normalizamos hasta el punto de ignorarlo. Párate y obsérvalo. Te aseguro que tiene mucho que ofrecerte.

El mar tiene su propia música y compone sus propias melodías. Y va y viene, no cesa ni decae. Simplemente cambia el ritmo, se adapta, sin frenar en ningún momento su curso. Para los que no entendemos de vientos ni mareas, es maravillosa su capacidad de sorprender: unos días silba, otros, se mece casi inmóvil y, los mejores, ruge con toda su fuerza, demostrando la grandeza de la naturaleza. Pero por más crecido que esté, por más alta y feroz que sea la ola, al final, acaba siempre en la orilla, calmada y baja, mansa, majestuosa, peinando la arena.

Me impresiona el gran aprendizaje que da una mezcla de arena y agua. Todo lo que ofrece y todo lo que supone. La grandeza de lo más simple. Te demuestra que todo lo que te deja huella, puede esfumarse: lo malo y lo bueno. Y te enseña que si quieres que algo perdure no lo hagas peligrar y dibújalo lejos de la orilla. Y si quieres dejar escapar algo, acércate para luego soltarlo que, si tiene que volver a ti, de forma natural, lo sacará de nuevo a la arena. Y te permite dibujar, borrar y volver a empezar, infinitas veces, hasta que te canses (tú, no él).

El mar hace espuma sin jabón. Y separa la tierra del agua y el agua del cielo, y dibuja el horizonte. Acoge al sol y le permite vestir de plata sus aguas, con destellos brillantes como diamantes. Baila con la luna, y deja que sea ella la que lleve el ritmo.

Es casa de todos, de peces grandes y pequeños, depredadores y de colores. Sirve a los que en él trabajan y entretiene a los que se pasean. Es guardián de los pensamientos de los que caminan, con pies descalzos, por su orilla; y entretiene a los niños, dejándoles construir soñados castillos de arena.

Es médico del cuerpo y del alma: qué tendrán la brisa y el olor a mar que cuando los inhalas curan, por su yodo y su frescura. Y alimenta el corazón, porque convierte la melancolía en mejor recuerdo y los secretos, en bonitas experiencias.

¿Lo ves? Tanto que observar, tanto que ofrecer. Entonces, para y piensa cuál es tu elemento, cuál es tu pilar para mantener una actitud positiva, porque en él encuentras parte de tu fuerza cuando tu ánimo decae. Y lejos de normalizarlo, valóralo y reconócete. Yo, te espero en la orilla.


© Martínez Comín