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“ESTO DE LA NAVIDAD, ESTÁ SOBREVALORADO”
diciembre 22, 2020 - COVID-19

“No existe la Navidad ideal, sólo la Navidad que decidas crear como reflejo de tus valores,
deseos, afectos y tradiciones.” Bill McKibben

Empieza la Navidad. Si no te ha tocado la lotería en el sorteo nacional, no sufras. Creo que
muchos este año preferimos salud a dinero. Así que, esta vez sí sirve de consuelo el famoso
“por lo menos tenemos salud”. Ya me imagino a algún agraciado con el premio diciendo “nooo,
por qué, recórcholis, ¡este año yo quería salud!”. Que no sufran los bendecidos, que la salud no
entiende de clases. Dinero y salud van por caminos separados.

Qué raro todo este año, ¿verdad? Papá Noel no puede entrar por las chimeneas, a menos que
nos demuestre un resultado PCR negativo, claro; los Reyes Magos harán su cabalgata virtual,
¡con lo que debe suponer para ellos todo este moderno mundo tecnológico! y, para los que
vivimos en Catalunya, el Tió de Nadal deberá permanecer confinado y en cuarentena antes de
volver al bosque donde lo encontramos. Ya sólo con eso, uno se replantea la realidad.

Pero es que si además le sumamos la complicación de cómo vamos a sentarnos en la mesa este
año (los que podamos juntarnos cumpliendo las normas), pues claro, se nos genera un
rompecabezas importante. Poniendo un poco de humor a esta tragedia, no me parece bien esto
de sentar a la abuela en el balcón para evitar contagiarla, oye, ¡que si no pilla la Covid pillará una
pulmonía!, así que claro, ahí andamos dándole vueltas a cómo haremos, si es que lo hacemos…
Yo le recojo el guante a lo que me dijo una amiga hace unos días: “Esto de la Navidad está
sobrevalorado”. Al principio me impactó. A mí me encanta la Navidad y la sigo viviendo (y la
seguiré viviendo) como cuando tenía cinco años. Pero luego, cuando le di una vuelta a su frase
sentenciadora, me pareció incluso alentadora, es decir, me quitó presión.

Verás, algunos viven la Navidad como el momento estrella del año. En cambio, otros, la viven
como su peor pesadilla. Te habrás dado cuenta de que, en tu entorno, siempre está el que lleva
el jersey de lana con el reno bordado y las orejeras a juego y, luego, en el extremo opuesto, el
que se sienta en la otra punta del salón, whiskey en mano, murmurando el típico “Dios, que se
acabe esto ya…”. Y no hay una posición correcta. Cada uno es de su madre y de su padre. Cada
uno vive la Navidad como quiere y puede: como una oportunidad para reencontrarse, o como
un látigo de melancolía y soledad. Depende de la historia y de las circunstancias de cada uno.

Y este año más que nunca, tenemos la obligación de neutralizar, tanto para los adictos a la
Navidad como para los detractores. Sin duda alguna, esta Navidad va a ser diferente. Vamos a
tener un reencuentro diferente. Más distante y menos colorido que de costumbre, por múltiples
razones: porque no estamos todos juntos; porque, aunque estemos todos, debemos ser
prudentes; porque alguien cercano ya nunca más estará o, simplemente, porque no estamos en
época de celebrar. Entonces está bien recordarse que dimensionar el momento (sobrevalorar,
como dice mi amiga), nos hace más daño que otra cosa.

Este año desvistamos la Navidad de todo lo que la envuelve. ¿Qué nos queda? Una fecha de
calendario que sirve de excusa para juntarnos, celebrar y recordarnos cuánto nos queremos o
lo poco que nos soportamos. Que lo podemos y queremos hacer, perfecto. Que no, tranquilos,
¡que el año tiene 365 días! No pasa nada por mover la fecha, por posponer a otro momento. De
hecho, yo estoy deseando celebrar el año nuevo a partir de junio para poder lucir mi vestido de
tirantes, que debajo del abrigo te aseguro queda… infravalorado… ¡Felices fiestas, familia!


© Martínez Comín