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FELIZ VUELTA AL SOL
noviembre 17, 2020 - Otros

“Quien no sea bello a los 20, fuerte a los 30, inteligente a los 40 y rico a los 50, no puede esperar ser todo eso después”. Martin Luther King.

El domingo es mi cumpleaños. Para los que os preguntéis cuántos cumplo os confesaré que este año (como todos), cumplo un año más. Fácil, ¿verdad?

Te invito a que reflexiones sobre lo que implica tu cumpleaños.

Por un lado, evidentemente, envejecemos. Personalmente, a mí me encanta seguir sumando. Significa mucho más que añadir arrugas (quien las tenga, claro). Y no entraré en rollos de ir sumando experiencia (como si eso fuese a solucionar la parte incontrolable de la vida), aunque evidentemente, es un grado. Simplemente me quedo con el logro de haber tenido la ocasión de sumar vida, con el haber tenido la oportunidad de completar otro ciclo que me ha permitido aprender, equivocarme, avanzar, retroceder, crecer o, simplemente, pararme. Un año más para mi historia y para la de los míos. ¡Qué lujo!

Por otro lado, la importancia del cambio de número. Según los expertos en numerología (yo no soy, para nada, experta; simplemente me llama la atención), parece ser que algo más de un mes antes del cumpleaños nuestro subconsciente empieza a prepararse para el cambio de edad. Los números son energía, generan una determinada vibración que se concentra en emoción (cierta crisis, inquietud, desasosiego), provocada por el hecho de ver que una época de nuestra vida termina, lo que nos lleva a su vez a reflexionar, sea consciente o inconscientemente, sobre qué hemos conseguido o no, en ese periodo. Es decir, que puede ser que en los días previos al cumpleaños vibremos con energía baja.

Astrológicamente, los años de las personas no se miden por calendario natural (de 1 de enero a 31 de diciembre), sino por el calendario que marca el día de nacimiento. Cada cumpleaños se produce una revolución solar, es decir, el Sol retorna al lugar que ocupaba en el nacimiento, pudiendo dar la bienvenida al año nuevo personal (un lujo tener la oportunidad de aplaudir un nuevo año, viendo como nos ha ido este 2020). Eso nos carga de energía: tienes la oportunidad de cumplir el deseo (en mi caso, la lista de deseos) que imaginas mientras soplas las velas del pastel. Me gusta pensar que tengo por delante 12 meses para cumplir mis propósitos. Sí, lo sé, suena oportunista: me marco objetivos a 1 de enero (en mi caso, soy de las que prometo mucho la noche de fin de año) y, mira, si no los cumplo, el 15 de noviembre tengo mi segunda oportunidad para volver a desear lo mismo que en enero (y más), pero con la coletilla de “va, esta vez en serio, Montse, que vamos ya por la segunda…”.

Más allá de eso, adoro el día de mi cumpleaños. A mis hijas les digo que es mi día de azúcar. Ese día no vale enfadarse, soy yo la que decide qué desayunamos, comemos y cenamos, y aplaudo y valoro con la misma ilusión que si fuera niña (que lo soy) todos los gestos: una llamada, un mensaje temprano, un mensaje tarde, un dibujo, una piruleta, una foto desordenada con mi peor mueca por estar riéndome a carcajadas… Y este año, más que nunca, voy a echar de menos los besos, los abrazos sostenidos cargaditos de buenos deseos y ¡hasta los tirones de orejas!

Así que este domingo, por fin, podré celebrar mi año nuevo. ¡A por la lista de deseos!


© Martínez Comín