NOVEDADES
HAPPY BIRTHDAY TO ME
noviembre 12, 2021 -

“Be water, my friend”. Bruce Lee.

El próximo lunes es mi cumpleaños. Y cada año me lo tomo con la misma ilusión. Adoro ese día. Porque es mi mejor día de azúcar. Lo celebro como lo que es: mi año nuevo personal. Y eso tiene que ser especial, porque es algo mucho más íntimo que el famoso cambio de calendario en el que celebramos el año nuevo con millones de personas a la vez, atragantándose con 12 uvas imposibles…

Como tal, en mi fin de año particular aplico todos los rituales propios de cualquier Nochevieja, con el ánimo de dejar atrás el año viejo y de dar la bienvenida a mi nueva vuelta al Sol. Así que, la noche previa, la del 14, como cada año, haré una lista de lo que quiero dejar atrás (ya he ido tomando buena nota durante el año, así que la tengo medio hecha) y otra lista de lo quiero mantener o incorporar y así, dar luz verde a algunos buenos propósitos. Te confesaré que muchas veces me doy cuenta de que muchas cosas de mi lista del “dejo” y de mi lista del “quiero” se repiten año tras año, así que imagino que algo no estoy haciendo bien. Fíjate que creo que a algunos de esos malos hábitos o buenos propósitos hasta les he cogido cariño: vamos, que tengo la sensación de que, si los cumplo, o bien, si los elimino de mi vida (según sean “buenos” o “malos”) y los tacho por fin de mi lista, es probable que el próximo año los eche de menos… O tal vez, verlo así, sea simplemente un consuelo. Pero hay otros que ni por asomo me generaría desazón tacharlos, sea por cumplirlos o sea por tener el valor de sacarlos de mi vida. Así que creo que este año, además de repetir, voy a subrayar con color verde esperanza los “ni por asomo”, a ver si así, de una vez por todas, me aplico el cuento.

Imagino que todos tenemos ese tipo de listas. Aunque sean mentales y las tengamos de forma intermitente en la cabeza. Y con ellas hacemos como con las margaritas: vamos deshojándolas, deseo a deseo, a modo de “me quiere”, “no me quiere”, como si un pétalo y el azar fuesen a darnos la solución sobre la situación. Pero es que hay veces en las que uno no puede decidir. Y por eso repite la misma lista una y otra vez, y por eso, le confía su suerte a la vida, a ver qué pasa. Sé que todos los adictos o defensores del pensamiento positivo me dirán que todo en esta vida tiene posibilidad de elección (menos la muerte, que apuntaría, como siempre hace, mi madre). Y que sólo hace falta humildad para reconocer la situación, voluntad para planteársela y valor para cambiarla. Pero mira, en la vida hay muchos factores que no solo dependen de la humildad, la voluntad y el coraje. Y a veces uno se ve sometido a ciertas decisiones o a cierta inamovilidad porque, sopesándolo todo, parece que ese no es el momento adecuado y que nos compensa relegar el deseo a más adelante. Y lo hacemos por un bien mayor, el común, que, muchas veces, prevalece al propio interés personal. Que tiene un punto de resignación, cierto. Que tiene un punto de cobardía, probablemente. Que tiene un punto de comodidad, seguro. Pero también tiene su magia el fluir. Me pasa que muchas veces no sé encontrar el equilibrio entre el confiar en la vida y dejarme llevar, versus el tomar las rindas y decidir adecuadamente. Vamos, que me hago un lío con esto de aplicar la inteligencia emocional.

Y eso no quiere decir que la lista de los deseos deba repetirse letra a letra cada año. ¡Menudo aburrimiento de vida! Por supuesto que debes tachar cositas para demostrarte que hacerte un año más viejo ha servido para cambiar algo. Pero tómate tu tiempo para deshojar la margarita.

Yo, soplaré las velas con fuerza a ver si el viento remueve el ánimo de mi verde esperanza.


© Martínez Comín