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LECCIÓN DE VIDA
junio 12, 2020 - COVID-19

“Cómo quieres ser mi amiga, si por ti daría la vida. Si confundo tu sonrisa por camelo, si me miras. Razón y piel, difícil mezcla. Agua y sed, serio problema.”

Agua. Jarabe de Palo.

 

Ruido. Cuando uno se descentra y algo le inquieta, escucha, siente, padece ruido. El interno, el que sale del alma. Genera desconcierto, desasosiego e incluso, a veces, hace que te falte el aire, sintiendo un pellizco permanente difícil de aliviar.

Yo he sentido ese pellizco con la muerte de Pau Donés. No le conocía, no sabía nada de su vida (la íntima, la real, no la artificial, pública o vendible). Pero mi intuición y la letra de sus canciones me dicen que debió ser un gran tipo. Rebelde, curtido de experiencias, lleno de vida.

No conozco a nadie de mi quinta que no haya escuchado, cantado, tarareado o bailado canciones de Jarabe de Palo. Por eso, a pesar de no ser real, siento que forma parte de mi vida. Porque se coló en alguna etapa maravillosa, con su letra y su melodía, marcando ritmo. Canciones que, cuando las escuchas, te esbozan una sonrisa en la cara. Es verdad. Yo no siento melancolía. Cuando suenan y las tarareo (cantar no es una virtud, en mi caso), me llevan a un pasado dulce. Y siguen vivas en el presente. Es mágico el poder de la música. Pero hay que reconocer que no todos los músicos ni melodías calan. Hay que ser muy especial y sensible para tocar el alma de las personas. Y Pau, sin saberlo, en algún momento, tocó la mía. De ahí mi pellizco: porque con él, siento que se ha ido quien ha sido parte de esos momentos.

Como todos los que tienen la desgracia y el coraje de ver la vida a través de la lupa del cáncer, nos deja importantes lecciones. Él mismo dijo que había necesitado de la enfermedad para acercarse a la verdadera felicidad. Qué ironía, ¿verdad? Qué curtida tiene que estar el alma para asimilar y aceptar una enfermedad tan letal como esta. Y desde ahí, darle la vuelta y entender el aprendizaje. Y ver en ella la oportunidad que te brinda la vida para conectar con lo que realmente importa. Con lo que te hace feliz. Con lo que realmente vale la pena. Parece que él lo hizo. Disfrutó hasta el último día de su familia y de su música. Los dos pilares de su existencia. Su elemento.

Qué maravilloso su último tema, su último videoclip, agradeciéndole a la vida, a todos, el haber recibido más de lo que merecía. Humildad, generosidad y agradecimiento. Eso se ha llevado Pau en su corazón. Y ese es el legado que nos deja. ¡Qué gran lección!

Sólo te ha faltado tiempo, Pau. Maldito tiempo, que nos hace esclavos. Es incontrolable, imparable, y qué poco lo valoramos. Porque huimos de lo que no podemos moldear, sin darle la importancia que merece. Vivimos deprisa tratando de adelantar al tiempo, como si de una carrera se tratase, como si la meta fuese ganarle el pulso. Aún no nos hemos dado cuenta de que no se puede luchar contra el tiempo. Porque no es posible. Ganamos cuando lo mimamos, lo vivimos y lo valoramos. Perdemos, cuando nos empecinamos en ir contrarreloj.

Hecho el silencio, siempre nos quedará tu música, tu eterna sonrisa, tu energía inagotable, tu lección de superación y tu pasión por la vida. Gracias a ti Pau, por tanto. DEP.


© Martínez Comín