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MAKTUB: ¿oportunidades o señales?
octubre 8, 2020 -

“Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te llevan a él”.

“Incluso un camino sinuoso, difícil, nos puede conducir a la meta, si no lo abandonamos hasta el final”.

Paulo Coelho.

Me asombra la palabra oportunidad. Según la RAE, una oportunidad es un momento o circunstancia oportunos o convenientes para algo. Sí. Así de simple. Pero oye, ¡¿te has fijado en la cantidad de conceptos, hechos, acciones, omisiones, emociones, sentimientos, derivaciones etc. que puede llevar aparejada la maldita palabra OPORTUNIDAD?!

A mí, lo primero que me llama la atención es la referencia al “momento” o “circunstancia”. Tienen que ser los convenientes. Ya le hemos liado: a mí personalmente ya me entra el agobio de solo pensar si sabré reconocer o no ese momento o circunstancia que se me supone como conveniente. Como en una batalla, ya me has puesto alerta y ojo avizor. Y es más que probable que, más de una vez en esta vida, te hayas encontrado preguntándote el típico ¿y si lo hubiese hecho? ¿y si no lo hubiese hecho? ¿y si era esta, sí, sí, esta, la oportunidad que esperaba? ¿y si me precipité y no lo era? Me apuesto lo que quieras (ojo, que vas a perder) a que alguna vez -y, seguramente, muchas veces- te has dado latigazos emocionales tratando de dar respuesta a alguna de esas preguntas: eso es típico de la insatisfacción humana, unida a la incertidumbre aparejada al “saber” reconocer (o no) un momento o circunstancia generador de oportunidad.

Porque es que, además, ese momento o esa circunstancia tienen que ser oportunos o convenientes: pero, ¿conveniente para quién? Porque si mi oportunidad (ese momento o circunstancia que he tenido la suerte de reconocer) no depende solo de mí, sino que, además, depende de ti (o de muchos), igual yo lo veo blanco y en botella, pero igual a ti ni se te ha pasado por la cabeza ver ahí una oportunidad para ambos, ni te lo planteas, vamos. Y si eso es así, ya tenemos la frustración servida, porque mi deseo, mi necesidad, mi impulso, mi momento, no ha sabido ser reconocido/valorado por ti y no ha llegado a su fin oportuno por “culpa” tuya, claro.

Y, esa expectativa no cubierta, seguramente, me va a generar otras emociones asociadas a la frustración, como el enfado, la ira, la tristeza, la decepción o incluso el miedo (a no saber identificar bien las oportunidades o a que, pese a reconocer que es algo conveniente para mí, si además depende de ti, tú no sepas verlas desde el mismo prisma que yo). Y eso, amigos, desestabiliza al más pintado.

Y de cómo gestiones eso va a depender, entre otras cosas, tu estado de ánimo: puedes fustigarte tú y al otro, y pensar que la vida es injusta y las personas que nos rodean, ciegas. O puedes respirar y resurgir, pensar que tal vez ese no era el momento, esa no era la circunstancia que ahora te convenía. Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe? (como he oído tantas veces decir a Borja Vilaseca). Cuando se te pase el susto, recuperes el aliento y consigas guardar el “látigo”, piensa que, tal vez, si no lo has sabido reconocer o si el otro no lo ha sabido ver, es porque no tocaba. Porque no era para ti. Confío plenamente en que la vida te pone delante lo que necesitas para aprender. Y si algo es para ti, insistirá hasta que lo veas o lo vean, dándole forma de otros momentos y otras circunstancias, si es necesario. Eso no debe llevarte a bajar la guardia o minimizar el esfuerzo, ¡al contrario! Eso simplemente debe servirte para aliviar el sentimiento que provoca la frustración y sus socios, y permanecer alerta para saber reconocer las señales. Sí, señales: es mejor llamarle señales que oportunidades, por la acepción compleja y cargadita de emociones asociada a esa palabra, ¿no te parece? Maktub.

 


© Martínez Comín