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¿ME VES?
febrero 5, 2021 -

“No te merece quien con su indiferencia te hace sentir invisible y ausente, sino quien con su atención te hace sentir importante y presente”. Anónimo.

Hay muchas formas de invisibilidad y muchas maneras de interpretarla.

Una de ellas es sentirse invisible, por ejemplo. Puedes sentir que, a pesar de estar rodeado de gente, no te ven. Y ese “no verte” puede que sea porque directamente no se han dado cuenta de que estás, no te toman en consideración porque es como si te hubieses mimetizado con la pared. O puede que sea porque sientes que, pese a verte, pese a que tu presencia es perceptible a sus ojos, no formas parte de su evolución, de tal forma que te quedas ahí quietecito, desubicado, viéndolos pasar, hacer y deshacer, como si de una película se tratase. Cualquiera de esas dos formas de indiferencia hiere cuando no son buscadas. Generan un sentimiento de frustración, de no pertenencia, de insuficiencia que, de una manera u otra, según sea la persona, merma la actitud y las ganas.

También se puede ser invisible por voluntad propia. Es decir, puedes querer serlo, por ejemplo, porque en ese momento te incomoda el dónde estás, el con quién estás, o la conversación que se está compartiendo. El típico “tierra trágame”, sea cual sea la causa. O simplemente puedes querer serlo, no por incomodidad, sino porque te hace más feliz: “haced como si no estuviera, por favor”, ya sea por que quieres ver cómo se desenvuelve tu equipo sin ti, o porque necesitas un parón de jugar a indios con tus hijos, o porque tu mente te pide desaparecer para cultivar tu serenidad o, simplemente, porque no va contigo o no te interesa, en ese momento, lo que sucede a tu alrededor.
Pero también puedes hacer invisible a otras personas. Eso pasa cuando anulas al de enfrente por voluntad propia, independientemente de cuál sea tu intención. La intención no resuelve ni justifica todos los resultados de tus acciones. Es equiparable al “la he matado, pero yo no quería”. Ya, pero está muerta… Veo que muchas personas utilizan la intención como justificación a lo que hacen o dejan de hacer, y eso me parece, en muchos casos, oportunista. Cuando uno ignora al que tiene delante, sea por completo o sea porque lo va apagando poco a poco, es porque hay voluntad de hacerlo, sea cual sea la intención que hay detrás, que no tiene por qué ser malvada: a veces simplemente nos mostramos indiferentes por salud mental, porque no encajamos con esa persona. Pero a veces, la volvemos invisible por nuestro ego, ya sea porque tenemos miedo a que brille más que nosotros, a que sea más simpático o porque le consideramos más guapo, qué sé yo. Que te vuelvan invisible cuando no es deseado, duele, porque supone, de alguna manera, dejar de existir. Además, el cuchillo es doble: por un lado, te apagan cuando tú querrías seguir brillando. Por otro lado, se le suma el no entender por qué te quieren apagar: tratar de descubrir la intención del otro es una lotería y un juego matador. Aún así, el por qué siempre nos acecha y aunque nos extorsione, tratamos de descubrirlo, la mayoría de las veces, sin éxito o sin sentido.

Así que, si te sientes invisible porque sí, porque quieres, felicidades por buscar tu espacio de serenidad (siempre que ello no repercuta negativamente en otras personas). Si te sientes invisible porque no se dan cuenta de que existes o simplemente te ignoran, aléjate de quien te intoxica. Y si eres tú el que vuelves invisible al de enfrente, por favor, piensa en la causa y en las consecuencias. Hay muchas formas de brillar sin apagar. Hay muchas formas de alejarse, sin acuchillar.


© Martínez Comín