NOVEDADES
MI DÍA DE AZÚCAR
abril 16, 2021 -

“Hay días duros que parecen eternos, pero al final, todo pasa”. Anónimo.

Tal vez esto que te voy a contar es muy mío. Esta semana ha sido difícil para mí. No hay nada ni muy grave, ni muy tremendo, ni muy gordo que contar, la verdad. Pero todo lo que se ha ido sucediendo, sumado, ha hecho de mi día a día una carrera de fondo con obstáculos, donde no ha habido ventajas, deferencias ni compensaciones y, mucho menos, tiempo muerto. Al contrario, ha sido una de esas semanas guerreras, donde la vida te pone, minuto a minuto, a prueba, te sitúa al límite, contra las cuerdas, y te pide que des la talla y sigas en pie, alerta, para enfrentarte al próximo asalto. Y así, de golpe y sin planearlo, te encuentras con varias noches encadenadas sin poder dormir, resolviendo mil historias de tu casa, de otras casas que también son como la tuya, de tu trabajo, del trabajo de otros que dependen del tuyo, de otras personas de tu entorno…qué se yo… y te sientes como una mujer orquesta sin batuta o como el fuelle de un acordeón que se adapta a las notas sin saber muy bien cómo le vienen. Y así es la vida. Tan descarada, insensata e impredecible.

Esto es algo que me ha enseñado o más bien, que me ha recordado, hasta la saciedad, la pandemia: que hay mucho de incontrolable y que de poco sirve prever, planear y organizar más allá de mañana. Como todo, supongo que cuando algo se te repite es porque tienes que aprender la lección: y la vida te lo pone delante, una y otra vez, de mil y una formas, hasta que aprendes a interpretar las señales y a interiorizar lo que representan. Pues se ve que, en algunas cositas, aún soy bastante novata. Y últimamente, querida vida, te estás cebando. Dame tregua, que verás como al final, si respiro, también aprendo.

Cuando me pasan episodios tan intensos como los de esta semana, donde actúo casi por inercia, al 500% de mi capacidad, sin apenas descansar y tocando mil teclas a la vez…, me permito sentirme triste, enfadada y superada. No es que me guste, pero a veces, estarás conmigo, que según qué, no lo podemos llevar con una sonrisa. Y antes de ser hipócrita, prefiero ser consciente de mis emociones y gestionarlas como buenamente pueda. Es ahí donde suelto mi famosa frase (sólo quien me conoce bien, la sabe): “perdóname, estoy en mis días de luto”. ¿De luto? Sí, de luto, de duelo, de llorar, de enfadarme, de no entender, de estar sobrepasada. Son mis días grises. Pero el gris es un color, y con los colores nadie se enfada o se pone firme. En cambio, el luto se asocia a palabras mayores y ahí sí, nuestro subconsciente respeta su connotación y lo que representa. Y el luto me dura lo que tardo en reponerme, cual ave fénix.

Y una vez consigo sacar un poquito la cabeza del ala y volver a mi rutina atropellada (más, si cabe, porque tengo que recuperar lo que la vida me ha hecho distorsionar por su cabezonería en mi aprendizaje), en algún momento me oirás que suelto mi famosa frase (sólo quien me tiene cerquita, la sabe): “hoy es mi día de azúcar”. ¿De azúcar? Sí, de azúcar, de no enfadarme, de no superarme, de intentar no correr, de intentar disfrutar de algo bueno, de sonreír y de tratar de no dejar que nada ni nadie me amarguen el día. Y mi día de azúcar me da un chute de energía, me repone y me recupera un poquito, como una bebida isotónica tras un duro partido de tenis. No es algo milagroso, no te voy a engañar, porque el cuerpo tiene memoria y pesa más el plomo que la pluma, pero mira, a nadie le amarga un dulce. Así que, bendito respiro.

No sé cómo habrá sido tu semana, si muy buena, si muy mala, si una mezcla de lo bueno y de lo menos bueno. Si ha sido muy buena, me alegro muchísimo por ti. Si ha sido una mezcla, compensa y que pese más lo bueno. Y si ha sido como la mía, de las durillas, permítete el luto y aprovecha el fin de semana para tener tu día de azúcar. Yo, me pido la nube de fresa.


© Martínez Comín