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“No pienses en un elefante”: los marcos mentales de Lakoff
diciembre 31, 2021 - Reflexiones

George Lakoff (1941) es un lingüista y científico cognitivo estadounidense que, además, ha sido profesor en las Universidades de Harvard, Michigan y California. Actualmente, es el Director del Center for the Neutral Mind and Society de esta última universidad. Lakoff es considerado el padre de la lingüística generativa, la cual implica trasladar la atención de la gramática de la sintaxis al significado. Lakoff es conocido por su Teoría de la metáfora conceptual, que predica que las metáforas nos permiten estructurar unos conceptos a partir de otros, así como por sus análisis políticos relacionados con esta materia.

En su libro “No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político” (2017), versión española del título original “Don’t Think of an Elephant!” (2004), Lakoff defiende que las palabras no son inocentes. Y, para demostrarlo, utiliza como ejemplo, entre otros, el animal que ha decidido nombrar en el título de la referida obra. En este sentido, sostiene que, cuando leemos o escuchamos la palabra “elefante”, automáticamente pensamos en un animal con trompa y orejas grandes, e, incluso, podemos llegar a relacionarlo con el circo. Y que, cuando le pedimos a alguien que no piense en un elefante, igualmente estamos evocando a este animal, además de estar dando por válida la palabra “elefante” para referirnos a este mamífero en concreto.

Asimismo, Lakoff mantiene que este mecanismo de palabra-pensamiento también funciona en el lenguaje político. A estos efectos, afirma que los republicanos estadounidenses han conseguido activar, en una parte importante de la población, los marcos mentales que más conviene a los intereses que persiguen. Como ejemplo, cita el del Estado como “padre estricto”, el cual establece normas de comportamiento y castiga con dureza cuando las mismas son vulneradas. Además, estos políticos generan otras ideas en las mentes de sus votantes, como    (i) la del individuo expoliado por el Estado, utilizada para justificar la rebaja de los impuestos, o (ii) la del carácter sacrosanto del matrimonio, empleada para mostrar su oposición al matrimonio homosexual.

Lakoff estructura el citado ensayo, considerado como un clásico contemporáneo, en dos grandes bloques: (i) “La teoría y su aplicación” y (ii) “De la teoría a la acción”. En el primero de ellos, se centra en las palabras y, especialmente, en el uso de las metáforas, utilizando títulos tan impactantes como “metáforas del terror” y “metáforas que matan”. Por su parte, en el segundo bloque, se centra en la política, abordando cuestiones como qué es lo que quiere la derecha, qué es lo que une a los progresistas, o cómo responder a los conservadores.

Lakoff sostiene que los marcos son estructuras mentales que moldean nuestra visión del mundo, esto es, nuestros objetivos, nuestros planes, nuestras conductas y lo que consideramos como buenos o malos resultados de las mismas. De igual modo, afirma que, en el ámbito político, nuestros marcos moldean las directrices sociales y las instituciones que creamos para ponerlas en práctica. De esta manera, concluye que “Modificar nuestros marcos es modificar todo esto, así que un cambio de marco es un cambio social”.

Lakoff, en el momento en que profundiza en los marcos mentales, mantiene que estos ni se ven ni se oyen, sino que forman parte del inconsciente cognitivo; es decir, se trata de estructuras de nuestro cerebro a las que no podemos acceder de manera consciente, pero que conocemos gracias a las consecuencias que generan: la manera en que razonamos y aquello que consideramos como sentido común. Asimismo, afirma que también reconocemos los marcos mentales en el lenguaje, puesto que “todas las palabras se definen en relación con un marco conceptual. Cuando oímos una palabra, su marco (o conjunto de marcos) se activa en nuestro cerebro”.

A lo largo del ensayo, se pueden encontrar reflexiones tan interesantes como los siguientes:

  • Existe una metáfora que considera que el bienestar consiste en la riqueza. En este sentido, cuando alguien nos hace un favor y le decimos “Te debo una” o “Estoy en deuda contigo”, es como si esa persona, al haber tenido una buena acción para con nosotros, nos hubiera dado dinero. En efecto, cuando pronunciamos dichas frases, reconocemos que le debemos algo a esa persona y nos preguntamos cómo podríamos pagarle.
  • Existe otra metáfora que estima que las naciones son personas. Y ello se manifiesta cuando en el lenguaje político se habla de “Países amigos”, “Naciones enemigas” o “Estados aislados”. Asimismo, también existen naciones adultas y naciones infantiles, siendo el parámetro aquí empleado “el grado de industrialización alcanzado”. Así, cuando nos referimos a naciones adultas, hablamos de “países desarrollados”, mientras que, cuando nos referimos a naciones infantiles, hablamos de “países en desarrollo” o “países subdesarrollados”.
  • Cuando Richard Nixon fue sometido a una gran presión para dimitir, debido al escándalo de Watergate, se dirigió a todo el país por televisión y dijo: No soy un delincuente. Sin embargo, al escuchar estas palabras, la población pensó en él como en un delincuente. Tomando como base este ejemplo, Lakoff sostiene que un principio fundamental de la teoría del marco que resulta muy útil cuando discutimos con un adversario consiste en no utilizar su lenguaje, ya que este resalta un marco que no deseamos.
  • El día en que George W. Bush llegó a la Casa Blanca, en esta institución se comenzó a utilizar la expresión “alivio fiscal”, la cual ha llegado hasta nuestros días. Pues bien, Lakoff sostiene que, si pensamos en el marco de la palabra “alivio”, para que esta situación exista, debe haber una desgracia previa y algún afectado, así como alguien que minora su pena, convirtiéndose ese alguien, por tanto, en un héroe. Y las personas que intentan detener a ese héroe pasan a ser vistos como villanos, puesto que tratan de impedir el alivio. Pues bien, si se añade la palabra “fiscal” detrás de “alivio”, el resultado sería la siguiente metáfora: “los impuestos son una desgracia; la persona que los elimina es un héroe, y cualquiera que trate de impedirlo sería el malo de la película”.

En último término, resulta interesante el modo en que Lakoff resume la interacción existente entre el lenguaje que utilizamos y los marcos mentales que generamos con él, al afirmar que “no se trata únicamente de lenguaje. Las ideas son primordiales, y el lenguaje las transmite, las evoca”. De igual modo, señala la forma en que podemos alcanzar una nueva visión del mundo o cambiar el sentido común: dado que el lenguaje activa marcos, para establecer nuevos marcos se requiere un nuevo lenguaje. Para pensar distinto hay que hablar distinto”.


© Martínez Comín