NOVEDADES
PENSAMIENTOS PARÁSITO
octubre 8, 2020 -

“Para conservar el equilibrio debemos mantener unido lo interior y lo exterior, lo visible y lo invisible, lo conocido y lo desconocido, lo temporal y lo eterno, lo antiguo y lo nuevo”.

John O’Donohue

Como en la película Ghost, y de igual forma que le sucede a Sam Wheat (Patrick Swayze), a veces siento que el alma se me despega del cuerpo. No, ni me he vuelto loca ni tiene que ver con experiencias extracorporales. Creo en las energías, sí, pero, honestamente, sigo teniendo un racional científico que me limita ante ciertas creencias. Me falta aprender mucho, en ese sentido. Simplemente es una forma de figurar cómo me siento cuando me descentro, cuando no sintonizo con mi esencia, cuando me pierdo en el mundo de las ideas y no soy capaz de congeniar mi ruido mental con lo que siento/quiero/necesito. Y es justamente así: siento como si mi cuerpo y mi alma se separasen y el uno (el cuerpo: mi mente) mirase perplejo al otro (al alma: mi parte más sensitiva y emocional).

Y no, yo no tengo una Odamae (pitonisa que genialmente interpreta Whoopi Goldberg en la película) para prestarme su cuerpo y zanjar disputas, o acompañarme en mis hazañas. ¡Qué va! Lo mío tiene que resolverse, sí o sí, por mí misma, claro está.

Y es ahí donde paro. Empiezo por calmar la mente, por tratar de silenciar todo ese ruido generado por los múltiples “pero…”, “y si…”, “por qué…”, “es que no entiendo…”, “cuándo”, “cómo”, “cuánto…” que acechan de forma recurrente mi pensamiento, y se comportan como parásitos que se adueñan de la razonabilidad, ocupando territorio mental y alejándome de la realidad, distrayendo mi mente con el ánimo de dirigirla a ningún lugar. Redirigir cuando vas a la deriva, cuesta. Vaya que si cuesta. Centrar el pensamiento (controlarlo es imposible) requiere de mucho esfuerzo.

A veces me ayuda utilizar doble dosis de racionalidad, es decir, el típico: “Eh, Montse, para, frena, qué haces, vuelve. Vuelve a tu cordura, no te me disperses”. Pero sinceramente, es agotador. Es como tener que duplicar al ejército para ganar la batalla. No suele ser rentable: demasiados recursos para tan poco resultado. Pero otras veces, sobre todo cuando a esa dispersión le acompaña cansancio, opto por lo contrario, por desconectar (para volver a conectar): dormir, ver algún programa en TV que no requiera de demasiado esfuerzo mental, cantar locamente una canción que me gusta o, simplemente, nada. Pero el no hacer nada te adelanto que es muy arriesgado y tiene poca probabilidad de éxito, porque, ¿adónde crees que va tu mente cuando no la distraes, aunque sea, con algo banal? A menos que seas un gurú de la meditación, tu mente va ahí, sí, justamente ahí: va de vuelta a los pensamientos parásito. Y ya estás otra vez atrapado en el mundo de las ideas.

Equilibrio, paz, serenidad son estados ansiados pero muchas veces utópicos. Hay que simplificar: aterrizar esos grandes conceptos y no tratar de perseguirlos como objetivo sino tratar de conseguirlos como medio. Que mi mente hace ruido, está bien, lo acepto y trato de buscar algo para calmarla ahora, sin dimensionar, sin pensar en si luego el pensamiento volverá o en qué pasará mañana. Preocuparse por algo que aún no ha sucedido (y que no sabemos ni si sucederá) es alimentar al parásito. Anticipar acontecimientos por sistema y sin razón sólo sirve para optar como candidato al mejor guion de tu propia película de ficción. Y te lo digo por experiencia, que soy digna candidata a los Oscar. Si desconectas de ti mismo, encuentra la forma de reencontrarte y equilibrarte, sin mayor pretensión que la de sintonizar y mimar tu alma.


© Martínez Comín