NOVEDADES
¿PERIODO DE ADAPTACIÓN? UN AÑO
marzo 19, 2021 -

“Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Llevamos oficialmente un año en pandemia. Poco importan ya los rumores de si el virus llevaba meses en nuestro aire o si llegó de golpe y sin avisar; de si fue cosa de los chinos o una estrategia de los americanos. Es cierto que cuando echamos la vista atrás y pronunciamos “es que llevamos más de un año…”, pesa. Pero, en verdad, el tiempo o la causa ¿cambian algo de nuestro presente? Contar y culpar sólo alimentan nuestra desesperación (y nuestro ego), pero no cambian nuestra realidad.

Es como cuando hace un par de semanas una persona dio positivo en Covid en el grupo escolar de mi hija. Muchos padres se volcaron en el cómo, cuándo, por qué y, sobre todo, en el quién. Y es algo que no entiendo. ¿Qué cambia? Es información de cotilleo, de egos juzgadores, de víctimas que necesitan señalar a un culpable incluso en una crisis sanitaria mundial. Pero, todo eso, en serio, no cambia en nada mi realidad. Mi hija iba a tener que someterse a una PCR y quedarse en cuarentena independientemente de cuál fuese la historia previa. Pues amigos, simplifiquemos, que bastante duro está siendo ya: recemos porque la PCR sea negativa o, en el peor de los casos, un positivo ligero de superar, y centrémonos en pasar la cuarentena de la mejor manera posible, organizándonos como buenamente podamos, para que nuestro mundo y el de nuestros hijos, no decaigan en el intento. Y no es fácil sostener normalidad en esa situación: de golpe te conviertes en esclavo de las circunstancias, a la merced de protocolos, nuevos horarios, capeando el día como puedes para llegar a todo, alargando hasta tarde por las noches y siendo la primera en levantarte por la mañana, rezando para que la salud sea buena, porque, a pesar del caos, es lo único que importa.
Date cuenta de que de nada sirve contar, identificar culpables o fantasear con cuándo y cómo llegará el fin de esta historia. Se trata de adaptarse, simple y llanamente, a una realidad tan incierta como cambiante. Supervivencia darwiniana. Y no, ni es de fuertes, ni de valientes, ni de listos, ni de ricos, ni de nada de nada. Fuera excusas. Depende simplemente de la voluntad y de la actitud de cada uno; de darte cuenta de que no hay opción, que no te queda otra.

Y oye, con más o menos sufrimiento, la mayoría hemos sido unos valientes del cambio. Fíjate, por ejemplo, que, en algún momento, nos hemos adaptado a otra forma de medir el tiempo: hemos dejado de contar en días para medir en periodos de más o menos restricciones. Y mira, la palabra cuarentena asociada a diez días de protocolo también es otra forma de adaptación (porque vamos, de toda la vida, cuarentena equivale a cuarenta días). O utilizar la palabra confinamiento de forma generalizada para decir que cuando todo esto acabe, te confinas para tener paz. O mira, te has acostumbrado a pedir a domicilio o a recoger en el local la comida del bar de siempre, o a beberte el café de la mañana de pie y en vaso de cartón. Has aprendido a sonreír con la mirada y has entendido que llegar a casa antes de las diez de la noche, es bueno para tu descanso, y para tu familia.

¿Ves? Hay muchas cosas que ahora das por sentadas y que antes ni te habías planteado. Cuando te asalte el “yo a esto no me acostumbro”, rectifica: “yo a esto me adapto, aunque no sea lo que haya elegido”. Y cuando te asalte el miedo a cuánto durará tu papel de camaleón en esta historia, calma. De nada sirve flagelarse. Bastante tenemos con torear nuestro presente.


© Martínez Comín