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PERMÍTETE SER UN MAL LÍDER
julio 10, 2020 - COVID-19

“La perfección es muerte. La imperfección es arte”. Manuel Vicent.

Últimamente leemos mucho sobre cómo debe ser un “buen” líder: qué aptitudes y actitudes debe tener, qué competencias, qué valores, etc. Se le exige tanto a su definición que, a mi modo de ver, si te pones a listar todo lo que se le requiere, se acaba convirtiendo en una carta a los reyes magos, en una especie de lista de “cualidades de persona perfecta”. Y es entonces cuando me vengo abajo: ¿de verdad tengo que ser todo eso para que se me considere una “buena” líder? Pues entonces te confieso que mis múltiples imperfecciones naturales me sitúan a años luz del referente perfecto que ofrece la teoría. Y, además, aunque lo consiguiera, es más que probable que haya quien lo critique. Así que, en el fondo, me alivia el pensar que, por suerte, las personas somos más complejas que un simple modelo de referencia.

 

La percepción del “buen” líder es algo altamente subjetivo. Objetivamente, para mí, el ideal de líder, en términos de éxito profesional (que es sólo una parte), es aquel que sincroniza (a la perfección, claro, ¡sólo faltaría!) vocación + talento + implementación. Pero, además, el líder, necesita un plus: debe convertirse en referente natural (no lidera quien quiere, sino quien sirve de espejo sin imponerlo). Entonces, el líder necesita conectar esa “perfección” profesional con la esencia natural de liderar y, además, debe tener una actitud y una calidad humana impecable e implacable. Una utopía, ¿verdad? Bien, pues que esto sirva para entender que el líder perfecto no existe (¡relájate!): “simplemente” te tienes que convertir en la mejor versión de ti mismo para reflejar esto en tu equipo, a sabiendas que te debes ocupar de tu conciencia (ser honesto contigo mismo) y no tanto de tu reputación (lo que los demás piensan de ti es subjetivo y, en muchos casos, distorsionado).

 

Para poneros un ejemplo, al pensar en un líder, de forma inmediata, se me viene a la cabeza mi vecino Andrés. Un señor de 68 años, convertido en empresario forzado a sus 62, porque la empresa en la que había estado empleado toda su vida decidió prescindir de sus servicios. La desubicación que le produjo la situación le llevó a acabar dirigiendo un bar al lado de su casa. Un local que habían intentado reflotar varios empresarios antes (algunos, auténticos profesionales del sector), sin éxito. Una especie de local maldito. Él y su mujer lo convirtieron en una bocadillería (“no sabemos hacer más”, decía), abriendo religiosa y puntualmente, con una sonrisa de oreja a oreja y un trato familiar, inigualable. Y, sí, los bocadillos le llevaron al éxito. Sin quererlo: se trataba de sobrevivir, no de aparentar ni hacerse rico. Su carisma, su cariño y su humildad suplían con creces su lentitud, su poca variedad en la carta y el tener que llamarle a gritos (por ser sordo de un oído). Él y su mujer son un referente y, seguramente, ni lo saben ni lo buscaban: se centraron en hacer muy bien algo dentro sus posibilidades y, además, lo hacían de la forma más humana posible, sin máscaras ni pretensiones.

 

En mi opinión, si realmente quieres ser un “buen” líder lo primero por lo que debes luchar es por ser la mejor versión de ti mismo. Conviértete en tu propio referente. Deja de compararte. Eres humano. Entender eso debe servirte para relajar tu nivel de exigencia, sin que te sirva de excusa para justificar tus cualidades menos virtuosas, claro está. Debe servirte para tomar consciencia, para asumir y reconocer que tú también te equivocas y que estamos en constante aprendizaje. Identifica tus fortalezas y tus debilidades para encontrar el equilibrio, para no caer ni en el extremo de la perfección ni en el de la desidia. Esfuérzate por aprender y desaprender, por entrenar e implementar habilidades y herramientas que te sean útiles para tomarte el “cargo” con responsabilidad, actuando desde la humildad, la honestidad, la coherencia y la esencia. Olvídate de ser perfecto. Ese es el punto de inflexión: no es hacerlo bien o mal (eso es una apreciación subjetiva de una realidad interpretable), se trata de ver cuál es su impacto en ti mismo y en los que te rodean. Reconoce la oportunidad que te brinda el arte de ser imperfecto.


© Martínez Comín