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Pregúntame si quiero
mayo 29, 2020 - COVID-19

“El egoísmo no es vivir como uno desea vivir, es pedir a los demás que vivan como uno quiere vivir”. Oscar Wilde.»

En esta pandemia me estoy dando cuenta que, generalizando, hay dos tipos de personas: las extremadamente prudentes, que se acercan más al miedo que a lo racional; y, por el contrario, las personas excesivamente confiadas, que viven la situación con cierta ligereza, en el sentido que confunden lo que ellos llaman valentía con lo que para otros es irresponsabilidad y, por qué no decirlo, en ciertos casos, ignorancia. Me sigue sorprendiendo que haya quien se niega a pisar el suelo de la calle. Y me abruma ver cómo la gente se aglomera, con absoluta alegría, sin respetar las medidas de higiene y seguridad.
De verdad, no entiendo que una persona me pueda mirar mal por estar entrando en casa a las 19.05hh (5 minutos más tarde de lo permitido, es cierto), tras un paseo con mis hijas -cumpliendo a rajatabla todas las medidas de higiene y seguridad-, pero tratando de evitar que sufran un golpe de calor por estar en la calle a horas demasiado cálidas, y que esa persona se permita juzgarme desde el primer puesto en una cola que, para nada, respeta la distancia mínima, a la espera de una mesa en un bar cuya terraza aún no está montada, presionando al camarero con la mirada (eso sí, tras una mascarilla situada por encima del labio y por debajo de la nariz) e incluso permitiéndose increparle para que se apresure, con el único ánimo de ser el primero en agenciarse una mesita a la sombra, y sin preocuparle lo más mínimo si esa persona, a la que grita jocosamente, está en el bando de los más aprensivos o en el de los más “alegres”. Por favor, no demos por supuesto que los demás piensan, opinan y viven las situaciones como lo hacemos nosotros mismos. Respetemos. Y en este sentido, no confundamos libertad con libertinaje: recuerda que tu libertad termina donde empieza la del otro.
Tratemos de ser menos egoístas y más tolerantes. Y no hace falta ser de extremos o etiquetarse: en el equilibrio está la solución. Por un lado, tenemos que aprender a vivir con el virus: no nos equivoquemos; que pasemos de fase no implica que el virus se haya esfumado. Simplemente significa que nuestra capacidad sanitaria entra dentro de unos determinados márgenes que nos permiten atender, con ciertas garantías, nuevos contagios. Por otro lado, no nos olvidemos de pedir permiso al otro, porque es el paradigma del respeto: que tú vivas con cierta ligereza la situación, más movido por tu necesidad social que por tu responsabilidad, no implica que el otro la viva igual. Así que, por favor, pregúntame si no me importa que te sitúes a menos de dos metros; pregúntame si me parece bien, antes de hablarme bajándote la mascarilla; pregúntame si me puedes tocar sin conocerte o si puedes ofrecerle a mi hija acariciar a tu perro. Pregúntame si soy persona de riesgo o, simplemente, si lo vivo como tú. E incluso si no te importa lo más mínimo mi opinión, por favor, hazlo por ti mismo: porque no sabes qué he hecho, con quién he estado o qué o a quién he tocado.
Y a los que vivís con miedo, no dejéis que se os adueñe, porque es experto en distorsionar la realidad, en hacernos sufrir sin motivo tangible. Trata de ocuparte más que de preocuparte. No olvides que la realidad suele ser siempre más amable de lo que uno se imagina.
Por favor, respetad el espacio del otro: permitid que cada uno viva esta situación como la quiera/pueda vivir. Y, ante la duda, preguntadle sin dar por hecho que la vive como vosotros.

Montse Hernández.


© Martínez Comín