NOVEDADES
¿QUÉ QUIERES SER DE MAYOR?
octubre 8, 2020 -

“Para conseguir grandes cosas debemos no sólo actuar, sino también soñar, no sólo planear,

sino también creer”.

Anatole France

“¿Qué quieres ser de mayor?” Esta es la típica pregunta que le hago a mis hijas, a mis sobrinos, a los amigos de mis hijas, a los hijos de mis amigos… y a mí misma. Es una gran pregunta. La gran pregunta de hecho.

Debo reconocer que la respuesta más original que he recibido hasta hoy no tiene nada que ver con ser astronauta del mar, veterinario en un zoo de animales salvajes, profesor de ballenas, cocinero de insectos, o cualquier otra “profesión” equiparable. No. Qué va. La respuesta más grande que he escuchado ha sido la de mi sobrino, quien me contesta, con una naturalidad digna de un maestro de vida, de un profeta, que a él (a mi sobrino, digo) le da igual lo vaya a ser de mayor, porque él, lo único que quiere es ser feliz (“y que se pase el coronavirus”, me añade, a modo de deseo que se le pide a una perseida para San Lorenzo). Ser feliz. Y eso, me pregunto yo, ¿no es lo que queremos todos los que ya somos mayores y hemos escogido profesión?

En sí mismo, el objetivo de ser feliz, elegido como fin en la vida, situándolo por encima del logro profesional, dice mucho, creo, sobre la inteligencia emocional de la persona: denota cierta madurez, en este caso, acompañada por la inocencia y la pureza propias de un niño, cuya existencia no se ha visto intoxicada todavía ni por el ego ni por las creencias sociales. Y es que muchos se permiten catalogar al de enfrente en función de su profesión, a la que asocian un status, interpretando que, cómo te ganes la vida necesariamente se vincula con un determinado estilo de vida. Malditas falsas creencias que se permiten etiquetar, presuponer y juzgar. A estas alturas de la película, ya nos deberíamos haber dado cuenta que la profesión no hace a la persona. La persona es la que da sentido a la profesión. Pero no. Seguimos confiando en la apariencia más que en el ser. Me gusta que mi sobrino se sienta libre del estigma, de la presión, de las cajitas estancas, de las etiquetas. No importa lo que vaya a ser (profesionalmente hablando). Lo que importa es que le haga feliz. ¡Qué gran sabio!

Pero, por otro lado, esa misma inocencia que le permite libertad para escoger, le lleva a suponer que la felicidad es un objetivo. Y no lo es. ¿Qué es la felicidad? Pues no es una profesión, amigo mío: ni se estudia, ni se practica, ni se “consigue”. Se vive. La felicidad es momentos, personas, miradas, conversaciones, gestos, silencios. La felicidad es un paisaje, un aroma, un recuerdo, una sonrisa, un aprendizaje. La felicidad no es un objetivo. Es el camino. Así que no te prepares para ser feliz. Sé feliz y punto. Y si eres feliz, te conectarás con tu esencia y, desde allí, situado en el ser, donde realmente te permites ser tú, sabrás qué quieres ser de mayor: reconocerás tu vocación, tu talento, tus señales. Y sólo si eres fiel a ti mismo (sin importante el status asociado a la etiqueta) te dedicarás a lo que realmente te hace feliz. Y si te hace feliz, serás feliz: no porque hayas logrado el objetivo, sino porque habrás sabido reconocer el camino de tu virtud.

Que esta vuelta al cole nos traiga más libertad, más inocencia y menos etiquetas. Y sigamos confiando sueños a las perseidas, de los que pesan, porque no hay sueños demasiado grandes, sino mentes demasiado pequeñas. Así que yo, de mayor, me pido ser astronauta del mar, como mi hija, para poder fotografiar a los peces de colores desde las estrellas. Prometo enseñarte la foto.


© Martínez Comín