NOVEDADES
SANDALIAS, PAREO Y LÁTIGO
septiembre 27, 2021 -

“El momento actual está lleno de alegría y felicidad.
Pero si no estás atento, no lo ves”. Thich Nhat Hanh.

 

Llevo casi cinco días a dieta, tras internar ese récord otras cuatro veces más, sin éxito previo alguno. Son las tres de la madrugada de este viernes festivo en Barcelona (lo matizo para hacer más dramático el hecho de estar despierta a estas horas). Tengo insomnio. No sé si la falta de poder dormir (que no de sueño) se debe a que tengo hambre (porque mi mente se empecina en que todo es poco cuando estoy a dieta), o bien, se debe al estrés de mi día a día, de mi rutina de trabajo-casa-niñas, sobre todo cuando el recuerdo de las vacaciones anda tan reciente todavía; o, seguramente, es un poco de todo, y por eso estoy a manos de un teclado, tratando de volcar parte de mi ruido con el ánimo de aliviar mi mente, con una onza de chocolate en mano para saciar mi agonía y una infusión de mil hierbas, bien calentita, para compensar, claro está.

Me parece curioso mi propio concepto de dieta: quiero, pero no puedo. Vamos, que lo que quiero es compensar los excesos del verano, pero, sinceramente, creo que antes debería tomar consciencia de ello para evitarme el sufrimiento. Y me parece curiosa, en general, la necesidad que compartimos muchos de tener que compensar los excesos y de empeñarnos en cortar, casi de raíz, el “periodo de disfrute”. Las vacaciones son el claro ejemplo: rompemos con la rutina, no hay horarios, descansamos, comemos, bebemos, disfrutamos de los nuestros, etc. Y es empezar septiembre y, ¡zasca!: hacemos, de forma natural y casi automática, una especie de reset en el que nos olvidamos de que sigue siendo verano, porque parece que cuando uno vuelve a la rutina le queda poco a la manga corta y el ir a la playa está sobrevalorado; de tal forma que, por inercia, cambiamos de concepto y nos perdemos el disfrutar de parte de los placeres de esas vacaciones que, sinceramente, podríamos seguir disfrutando. Y espera, que no sólo frenamos los quehaceres de las vacaciones sino que, además, tratamos de corregir parte de eso, como pasa con mi dieta. Y eso es como una forma salvaje de liarse a latigazos con los buenos momentos vividos. Total, que pasamos de lo que ha sido nuestro uniforme durante semanas, el pareo y la sandalia, a vivir como mártires, látigo en mano, dejando de disfrutar de muchas cosas de ese maravilloso verano y regocijándonos en el remordimiento de los excesos, tratando de corregir parte de lo vivido. No me dirás que, visto así, no es normal que septiembre sea un mes cañón para las depresiones… Es que vamos, visto así, insisto, no hay cuerpo humano que lo resista.

Y espera que hay más: ¡que el coronavirus sigue aquí! Que si nuestra esperanza está puesta ya en las vacaciones de Navidad, ojo, porque igual seguimos con la mascarilla como complemento estrella. Que no podemos bajar la guardia. Que tenemos que atar a los niños en el colegio para que no compartan bocata, recreo desenfrenado y salivazos por las mellas. Vamos, en mi casa, ¡hasta el Ratón Pérez trae su test de antígenos para entrar!

Y ahora dime: ¿qué se supone que debo hacer? Hasta aquí pinta regulín: adiós verano, hola dieta, maldito insomnio, Covid, rutina…Venga chupitos de cianuro, que diría Borja Vilaseca. Pues fíjate que yo soy feliz si le doy la vuelta: qué maravilloso verano he disfrutado con los míos; qué maravilla ordenar comidas y ver que tu cuerpo (y tu mente) lo agradece(n); qué oportunidad esto de poder estar escribiendo de madrugada, en absoluto silencio, con pecado de chocolate y tacita caliente en mano; qué bien que estamos consiguiendo rebajar los niveles de Covid gracias a la vacunación masiva y a los buenos hábitos; bendita rutina que ha devuelto la coherencia a mis hijas y está reordenando mi casa. Todo en esta vida es cuestión de perspectiva. Un placer volver. Ahora sí, buenas noches.


© Martínez Comín