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SEGUNDAS OPORTUNIDADES
abril 23, 2021 -

“El amor infinito es la única verdad. Todo lo demás es ilusión”. David Icke.

Esta mañana, mientras conducía hacia Barcelona, escuchaba la radio. En un momento determinado, he decidido cambiar de emisora tratando de encontrar una canción que me motivara y, para mi propia sorpresa, me he acabado anclando a un programa que retransmitía su espacio de pregunta/respuesta mañanera, donde le dan vez a los oyentes para que cuenten su historia en relación con un tema concreto. Y justo les estaban pidiendo que llamaran para contar si el amor les había dado una segunda oportunidad. Imagino que, siendo 23 de abril, Sant Jordi les habrá inspirado.

Y fíjate que no me he quedado anclada allí ni por ñoñería (no me van mucho esas cosas) ni por cotilleo o pasatiempos de “venga, a ver qué sueltan ahora”. Qué va. He dejado esa emisora porque me ha llamado la atención cómo formulaban el tema.

Verás, hablar del amor no se puede ni escribir en minúsculas. Es el AMOR, oiga. Sea de pareja, sea de padre, de madre, de hijo, de nieto, de abuelo, de amigo, de compañero de trabajo, de pasión por la naturaleza, por el mar, por el chocolate, por la vida, por lo bonito, por lo feo… (y así podría estar todo el día), estamos hablando del AMOR. Esa píldora que todo lo mueve y que todo lo puede. Ahí es nada. Banalizamos o anclamos el significado de la palabra a lo relativo al amor en/de la pareja. Pero AMAR es omnipresente y omnipotente, a pesar de que nos siga ruborizando utilizar de forma amplia y plena ese término. Pero no me he escandalizado porque, una vez más, centraban el tema del amor en la pareja, no. Me ha llamado la atención lo siguiente: a todas las personas que escuchaba, el amor les había dado una segunda oportunidad. Vayamos por partes: ¿es el amor quién te da la oportunidad o eres tú mismo? Y, además, ¿segunda? Qué pasa, ¿que cuando gastas las dos fichas entras en “game over” o cómo va la cosa?

El amor no te da la oportunidad. Eres tú el que decide darle una oportunidad al amor, que es diferente. Tú decides si estás en un momento en el que te apetece enamorarte y compartir o si, por el contrario, prefieres estar solo; tú decides si, pese a querer compartir, es con esa persona que tienes delante o si te vale más la pena esperar otro tren. Claro que tiene una parte de mágico: tal vez te enamoras de quien no esperabas o te enamoras en un momento poco oportuno para ti, pero, sea como fuere, darle la oportunidad o no a esa persona que se cruza en tu camino en ese momento es, finalmente, decisión tuya (y de los aprendizajes que te tenga guardados la vida).

Y, ¿cómo que segundas oportunidades? Las oportunidades de amar son infinitas. No nos quedemos con dos solamente, como si en esta vida estuviese escrito que sólo puedes equivocarte la primera vez porque la segunda es para enmendar, y se acabó. ¡Venga ya! Conozco a personas que no han necesitado más que una oportunidad de amar en pareja. Y también a otras personas que, tras cientos de oportunidades, siguen sin acertar. Y, por favor, quién no ha sido adolescente y le ha dado una oportunidad distinta al amor cada semana, suspirando tu vida por el que crees que será, por fin, tu verdadero y definitivo amor en la vida…

Vamos a cambiar la historia: tal vez alguien debería explicarle a la princesa que, si el caballero que mató al dragón no le convence, que no se preocupe, que tendrá nuevas oportunidades para amar (y no sólo en pareja) y que, si se equivoca, tiene fichas infinitas para continuar en el juego hasta que se sienta ganadora y decida quién, finalmente, quiere que le regale la rosa, sin cuento.


© Martínez Comín