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TODO ES RELATIVO
junio 19, 2020 - COVID-19

“Todo iría mejor si entendiéramos que no hay verdades sino versiones”. Anónimo.

“Dios es simple. Todo lo demás es complejo. No busques valores absolutos en el mundo relativo de la naturaleza”. Albert Einstein.

 

Aunque publico mis reflexiones los viernes (con el ánimo de distraer la mente y despertar los sentidos para el fin de semana), suelo escribirlas el jueves o el mismo viernes, bien temprano, según cómo y dónde se encuentre mi inspiración. Esta, la estoy escribiendo el jueves 18 de junio, y son las 6 de la mañana de un día visualmente gris. Llueve.

¿Qué te supone madrugar y que esté lloviendo? A mí, generalmente, me gusta levantarme temprano porque siento mis neuronas descansadas y, gracias al silencio, alta mi concentración. Y la lluvia me evoca calma, inspira mis sentidos. Para mí, al menos hoy, un tándem perfecto: me permite respirar y resolver, con cierta agilidad y, al mismo tiempo, desde el sosiego.

Pero seguramente, a mi marido, que se ha levantado a la misma hora que yo para coger el transporte público en tiempos Covid, habiéndose olvidado el paraguas ayer en la oficina y llevando mochila, maletín, tupper, chaqueta y móvil en mano, igual, más que una inspiración es un mal comienzo.

Todo es relativo. Lo que para mí es una bendición, para otro puede ser un calvario. Por eso tenemos que aprender a respetar la neutralidad de los acontecimientos. Y a ponernos las gafas con las que el otro, el de enfrente, el de lado, ve la vida. Y tratar de enfocar desde allí, aunque nosotros utilicemos una graduación distinta. No para avenirnos a su criterio sino, simplemente, para comprenderlo.

Estamos muy acostumbrados a exigir que los demás vean con nuestra misma lente. E incluso a reprochar a quien no lo ve como nosotros. Nos enfadamos, nos indignamos si no nos entienden, es más, si no comparten nuestra visión, porque creemos que lo que pensamos es verdad absoluta. Ay, amigos, eso no existe. Sólo existe la realidad, no la verdad absoluta. Y esa realidad es relativa, porque es interpretable, porque la percepción tiene una parte subjetiva importantísima, que suele aliarse con nuestro ego y nos conduce al error de pensar en términos absolutos, de inquisición.

Creernos nuestra verdad y sólo la nuestra nos lleva alejarnos de nuestra esencia, a recluirnos en el egoísmo propio de nuestro ego, a defender sólo lo que vemos con nuestras gafas, a comparar y, al final, a sufrir. Así que respiremos y relativicemos.

Si hoy llueve, voy a tratar de entender que tal vez a ti te enfada porque te supone un engorro. Pero ¿qué te parece si aprovechas tú también para sentir la lluvia e impregnarte del olor a tierra mojada? Si te ha tocado madrugar, voy a tratar de entender que no te despiertas hasta el segundo café. Pero ¿qué te parece si escuchas el silencio de la mañana y aprovechas para disfrutar que hoy no tienes que correr porque vas sobrado de tiempo?

No puedes cambiar lo está siendo. Guarda el látigo, que yo te presto mis gafas. A ver si le damos un nuevo enfoque a esta lluvia y a este silencio.

 

Montse Hernández


© Martínez Comín