NOVEDADES
¿TRUCO O TRATO?
octubre 30, 2020 -

“Los monstruos son reales; y los fantasmas son reales también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan”. Stephen King.

– Mamá, ¿los fantasmas existen? ¿Y las brujas? ¿Y los monstruos?
– Claro que sí. Todos ellos.
– ¿¡¡Ah sí?!! ¿Y cómo son?
– Pues mira, ni visten sábanas blancas ni llevan escoba ni tienen un cuchillo clavado en la sien. Suelen ser personas, de carne y hueso: unas veces visten elegantes y otras, como tú y como yo, llevan pijama.
– ¿Te dan miedo?
– ¡Más que los de sábana, cuchillo o escoba! Pero tranquila, que siempre se les descubre y al final, siempre se esfuman.

Teniendo Halloween en los talones, este podría ser un diálogo habitual con mi hija mayor. Le encanta jugar a cosas “que dan miedo”. Es más valiente que yo: se ríe de los zombis, se disfraza de brujita o vampiro y le encanta asustar a su hermana pequeña (y a mí) haciéndose pasar por infinidad de fantasmas o monstruos inventados. Tal vez no tenga edad para entender qué le quiero decir con mis respuestas. Pero seguro que cuando sea más mayor y su inocencia se cubra de experiencia vital, lo entenderá.

Fantasmas, brujas y monstruos hay, los ha habido y los habrá siempre. Yo misma he tenido que lidiar con alguno. Y seguro que no soy la única, ¿verdad? Ahora soy yo la que entiende lo que me quería decir mi madre cuando yo era pequeña y la acribillaba a preguntas en esta época, y tras un suspiro, siempre me contestaba los mismo: “ay, hija mía, a mí me dan más miedo los vivos que los muertos”.

Y de verdad creo que mi nivel de experiencia me permite distinguir entre monstruos y fantasmas (las brujas, pueden ser de uno u otro tipo, también). Por favor, no tiene que ver con el género, sino con los actos de las personas. Defino a los monstruos como personas de áurea retorcida y de ego superlativo que consideran la vida un teatro y al resto de personas, sus marionetas: y se inventan historias demoledoras para salvar su ego, y actúan sin pensar y sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos, e incluso, los peores, se divierten con el sufrimiento ajeno. Son auténticos depredadores de moral, corazón y alma. Y luego están los fantasmas, que son como aprendices a monstruo, pero de mejor corazón o peor suerte, es decir, que sea porque al final se dan cuenta que no van por el buen camino o sea, tristemente, porque su nivel intelectual no les permite plantearse la bondad/maldad de sus actos, al final se quedan en susto: son los auténticos expertos en vender humos y aparentar tesoros que, gracias a sus maniobras cautivan al más pintado pero que, despojados de su magia, se desvanecen. Unos y otros, monstruos y fantasmas, son personas que, como los de sábana blanca, cuchillo o escoba, reptan y avanzan a la par que reculan sus víctimas, alimentándose de sus miedos e inseguridades, abusando de la humildad, la inocencia o el buen corazón de otros.

Por suerte, conozco a muy pocas personas así. Y a las que he conocido, rápidamente se han esfumado de mi círculo de confianza. Por suerte también, creo que las personas bonitas de corazón y alma, a pesar de sus miedos e inseguridades, acaban venciendo a los fantasmas de sábana blanca, a las escobas voladoras y a los monstruos de tres cabezas. Porque la humildad gana siempre al ego. ¡Feliz festividad de todos los santos! Yo, elegiré truco. O tal vez… trato.


© Martínez Comín