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Y TÚ, ¿SUMAS, RESTAS, MULTIPLICAS O DIVIDES?
diciembre 11, 2020 -

“Nadie puede silbar una sinfonía. Se necesita una orquesta para tocarla.” Anónimo.
“Se necesitan dos piedras para hacer fuego”. Anónimo.

Confío plenamente en las sinergias profesionales, es decir, en unir a personas de distintas profesiones, o de distintos ámbitos dentro de una misma profesión, de tal forma que el resultado obtenido de su integración suponga maximizar las cualidades de cada uno, dejando de ser una simple suma de elementos para convertirse en algo mucho más provechoso, algo capaz de generar un crecimiento exponencial. En este caso hablamos de integraciones que superan la lógica matemática, donde uno más uno no suma dos, sino que suma tres, o cuatro o cinco, o lo que las partes se propongan.

Crear una sinergia colaborativa supone partir de la capacidad técnica de las personas que se fusionan para realizar un determinado trabajo con la calidad y con la precisión debidas, pero, además, supone partir de una determinada vocación de crecimiento conjunto. De ahí que en las sinergias tengamos que evitar, necesariamente, dos formas geométricas: los círculos viciosos y las mentes cuadradas.

Y esta segunda parte de la sinergia, la vocacional, la más emocional, la que supone coordinarse, compartir, ceder terreno para centrarnos en el propio es, sin duda, la más complicada de todas. Personas con capacidad técnica, muchas. Pero no todas ellas son capaces de centrarse y desprenderse del ego. Esa vocación debe consistir en el ánimo de crecer, de maximizar, de crear conjuntamente, teniendo la humildad suficiente para reconocer hasta dónde llega uno (que es lo máximo y mejor que cada uno de nosotros puede ofrecer) y teniendo la honestidad y la generosidad suficientes para reconocer las virtudes y las capacidades del otro, dejándole su espacio para crear en libertad, y a la vez, sin pretender cargarle con lo que no le corresponde.

De esta forma, pudiendo ejecutar las competencias de cada uno desde la libertad y la confianza, para integrarlas después (o en paralelo) en el objetivo común, se genera un todo invencible por dimensión, esto es, se permite cubrir el máximo terreno (servicio integral), con la máxima calidad esperada (cada uno se centra en lo que mejor sabe hacer). El resultado suele ser inmejorable. Es lo que se conoce como hacer equipo.

Pero hay que entender muy bien la noción de equipo. No estamos en el cole, donde buscamos de forma estratégica a un grupito para que trabaje uno y nos pongan la misma nota a todos. Partimos de la corresponsabilidad como base para cualquier sinergia, entendiendo el equipo como un grupo de personas que se organiza para realizar, unidos, un determinado trabajo. Nadie hace equipo delegando con el único objetivo de descargar trabajo en el otro y/o colgarse la medallita después. Eso es puro egoísmo y, por lo tanto, todo lo que escape de la generosidad es, por definición, antagónico a cualquier colaboración sana.

Por eso es importantísimo saber escoger pareja de baile. No todos tienen oído para la música. Uno que no pise, que siga el ritmo, que no falte a los ensayos, que nos complemente con movimientos casi perfectos. Dos personas que pretenden colaborar pero que no conectan personal y profesionalmente, que no comparten valores, se convierten en dos elementos que, en el mejor de los casos, simplemente suman esfuerzos y, en el peor de los casos (pero muy habitual), se solapan y, en vez de sumar, incluso restan o dividen, perjudicando notablemente el resultado.


© Martínez Comín