Fray Luca Pacioli ideó la partida doble en 1494. Más de cinco siglos después, seguimos cuadrando el Debe con el Haber bajo exactamente la misma lógica. Esta técnica continúa inmutable y nadie aún ha sido capaz de cambiarla o mejorarla.
Lo que ha cambiado, una y otra vez, es quién o qué realiza el trabajo.
Y esta vez, lo que cambia no es solo la herramienta, es la naturaleza misma del trabajo.
La contabilidad ya ha sobrevivido a varias «mecanizaciones». Por tanto, antes de hablar de inteligencia artificial, conviene recordar algo: los/las profesionales de la contabilidad continúan existiendo y creo que, ahora más que nunca, con un futuro prometedor.
Las diversas tecnologías han acabado transformando la profesión en lugar de hacerla desaparecer: la calculadora de los años 60-70 suprimió el cálculo manual y liberó tiempo para el análisis; los ordenadores y las hojas de cálculo de los años 80-90 cambiaron el trabajo de raíz, pero multiplicaron la demanda de profesionales; los ERP automatizaron ciclos contables enteros y modificaron el perfil del profesional contable; más recientemente, el software en la nube y el SaaS prometían «una contabilidad sin profesionales de la contabilidad», pero lo cierto es que todavía son imprescindibles para poder utilizar bien esas herramientas.
El patrón es siempre el mismo: la mecanización elimina o suprime tareas, no profesiones enteras. No obstante, hay motivos para pensar que, esta vez, algo ha cambiado.
¿Por qué esta vez puede ser diferente?
A diferencia de las (r)evoluciones anteriores, que automatizaban lo mecánico y dejaban intacto lo cognitivo, la inteligencia artificial generativa interviene también en este ámbito: lee e interpreta documentos complejos, redacta informes argumentados y justificados, detecta y razona incoherencias y responde preguntas normativas con contexto. No es una calculadora más potente, sino algo que simula razonar con suficiente eficacia como para producir resultados que, en la práctica, son tan válidos como los de una persona humana.
Las tareas más expuestas son las rutinarias y mecánicas: introducción de datos y asientos, conciliaciones, impuestos periódicos, cierres y balances estándar. Les siguen la revisión de facturas, las declaraciones fiscales sencillas, el reporting interno y las primeras fases de auditoría. Las menos expuestas, por ahora, son las que requieren un criterio experto: la planificación fiscal estratégica, la interpretación de normas en casos ambiguos, las valoraciones complejas, la relación con los clientes en situación de crisis o reestructuración y, sobre todo, el juicio profesional en auditoría e informes periciales o de assurance.
Pero últimamente han entrado en escena los agentes de IA. Hasta hace poco usábamos la inteligencia artificial como copiloto: yo pregunto, ella responde. Ahora el salto es enorme. Los agentes no esperan instrucciones paso a paso: reciben un objetivo como «cierra el mes” y realizan las tareas por su cuenta.
Imaginemos un cierre en el que un agente descarga los extractos bancarios, los concilia contra el mayor y detecta las partidas pendientes; después otro propone asientos de periodificación de gastos e ingresos y confecciona un checklist de incoherencias en el cierre contable para revisión humana; y, finalmente, un agente especializado en fiscal hace un borrador del modelo 303 para presentarlo a la Agencia Tributaria. No es ciencia ficción, es la dirección hacia la que apuntan las herramientas que muchos ya estamos probando.
Esto es la “contabilidad agéntica”: el profesional deja de ejecutar el proceso y pasa a diseñarlo, supervisarlo y responder por él. El asiento lo propone la máquina; el criterio, la responsabilidad y la agencia siguen siendo nuestros.
Intercalo un par de lecturas que me han ayudado a ordenar todo esto. Ethan Mollick, por ejemplo, lo resume de forma pragmática y directa en su libro Co-Intelligence: “No esperes a que la automatización llegue, úsala tú antes de que te use a ti”. El contable que adopta la inteligencia artificial multiplica su capacidad; el que la ignora no se vuelve prescindible porque la inteligencia artificial sea mejor que él, sino porque otro contable con conocimientos de inteligencia artificial, sí lo será.
La segunda lectura añade algo más incómodo: cuando la mayor parte del trabajo mecánico desaparezca, ¿qué quedará de la identidad del profesional contable? Lo que quedará, precisamente, será la capacidad de “pensar con prompts” o de formular las preguntas correctas al sistema, y de ser el intérprete entre la inteligencia artificial y un mundo humano con consecuencias reales.
Y ahora creo que toca aterrizarlo todo… El tejido contable de la pyme española está muy atomizado. Muchos despachos y firmas pequeñas viven de hacer exactamente lo que más se va a automatizar: contabilidad corriente, IVA trimestral, nóminas, cierres anuales, etc.
Ese modelo de negocio puede tener los días contados. No porque la inteligencia artificial sea perfecta, sino porque el cliente de la pyme va a poder acceder a herramientas que hacen aproximadamente el 80 % de ese trabajo de forma casi autónoma. Lo que sobrevivirá en las firmas es el asesoramiento, la relación de confianza, la interpretación financiero-fiscal estratégica y la representación ante la Agencia Tributaria, otras Administraciones Públicas o los tribunales.
Quiero cerrar con una nota de optimismo. Cada mecanización histórica de la contabilidad acabó ampliando la demanda de servicios: al bajar los costes, más empresas podían permitírselos. Es muy posible que esto vuelva a ocurrir. Si la inteligencia artificial consigue que una micropyme tenga una contabilidad de calidad por una fracción del coste actual, el mercado se ensanchará.
Pero el perfil que se necesitará será muy distinto al de hoy: menos profesionales u operadores manuales y más asesores. Menos ejecutores de procesos, más intérpretes de la realidad financiera.
Para quienes trabajamos en contabilidad, auditoría y fiscalidad, la pregunta ya no es si la inteligencia artificial cambiará nuestro trabajo. Es si seremos nosotros quienes la pongamos a trabajar primero.
¿Cómo lo estáis viendo en vuestros despachos o firmas?
Me interesa especialmente la mirada de quienes ya están introduciendo la IA en el d-IA a d-IA.